Monday, 18 August 2008



Érase un Pierrot en Venecia. Pierrot blanco como sólo lo es la nieve. El ama a Colombina, mas Colombina anda de aquí para allá con el polichinela sin miramientos por la fervorosa pasión de Pierrot por ella. Al pasar por lo del señor tintorero, Pierrot cae en un gran balde de negra pintura y queda negro cual carbón. Colombina y el Polichinela se mofan de él sin piedad, ¡pobre Pierrot que llora desconsoladamente por su desgracia! ¡Colombina núnca ha de amarlo siendo un ridículo Pierrot negro! Es entonces que va a visitar al mago para pedirle su ayuda y consejo. El mago recita conjuros, evoca hechizos, mas nada logra quitar la negrura que cubre a Pierrot. Entonces da su último veredicto: Pierrot debe ir a la luna, imperio de la pureza y de la blancura, y allí contagiarse lo blanco otra vez. Lo manda entonces al inmenso satélite por medio de un encantamiento muy difícil. Sobre la luna yace Pierrot, más la desesperación lo apabulle al descubrir que de cerca la luna es toda negra y oscura. En su dolor Pierrot se tira al abismo del universo y cae en la tierra, muerto.
Es ahora Pierrot blanco de nuevo, las estrellas lo lavaron en su viaje de regreso.

1 comment:

!inZ said...

Esta historia es la más linda y además me acuerdo cuando me la contaste por vez primera