Thursday, 25 September 2008

Federica se lo encontró un día del otro lado de un mostrador. Su presencia la instaba a quedarse quieta, a oír y mirar por la ventana. La vista era infinita e inmovil, la hacía sentirse pequeña, sentir como si nunca hubiese vivido en comparación con esa inmensa naturaleza sabia y milenaria. Se sintió en casa en su presencia y abrió un poquito su corazón. Notó el calor de sus manos, cantó cuando pensó que había olvidado todas las letras. Le pareció aburrido todo lo que había vivido, contempló con horror lo monótona y aburrida que le resultaría su existencia cuando aquello terminara. Fabricio le dijo entre todo ese humo que un día se acostumbraría a la falta de ello, que extrañar es sólo pasajero.
Pero Federica echa de menos, quiere echar de menos.